¿Leemos de forma correcta a los autores?

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Ayer, durante la presentación de un libro del escritor, Paco Santos, surgió un pensamiento común en el diálogo. Se hizo referencia a la escritora Agatha Christie, una de las escritoras más leídas y maestra, sin duda alguna, en el arte de la novela negra.

Paco Santos comentaba que era una escritora mal leída. Y expuso una opinión, tras esta afirmación, que resultó una idea que yo también sentía al leer a Agatha Christie. Nunca lo había expresado, pero me alegró saber que no era la única que lo pensaba.

Por supuesto, quienes adoramos leer sobre misterios e investigaciones por resolver, Agatha Christie es la dueña de nuestra adoración. No solo creó las bases estructurales de la novela policial y la creación de cientos de historias intrigantes y personajes de forma impecable. Fue también una rebelde a su tiempo.

En el trasfondo de sus historias, subyace una crítica dura y ácida a su tiempo, a la diferencia de clases. Abogaba siempre por los más desfavorecidos (criados, huérfanos, indigentes…), señalando la acusación fácil y los prejuicios de una clase acomodada. Exponía sin tapujos como en esa clase media alta, los sentimientos y depravaciones, los celos, la venganza, los amores ocultos, la ambición encontraba un caldo de cultivo excelente para crecer. Ponía en entre dicho, con cierto cinismo, los manejos de la burocracia de la época, el sistema familiar que se sumergía en la educación, emoción, y exigencias del padre de familia, los cotilleos y etiquetados de la sociedad de la época que le tocó vivir.

Manejó de forma magistral el suspense y la intriga, supo describir a los personajes a través de sus diálogos y actuaciones, sin entrar en la descripción directa y nos legó a la humanidad una de las mejores colecciones de tramas, argumentos y personajes de la novela negra. La Sta Marple y Hércules Poirot fueron los puntos candentes donde puedo explayar todo su ingenio: una dulce anciana con un poder de análisis y observación social enorme y un detective, seguro de sí mismo, obsesivo hasta la médula, e implacable con lo que creía correcto.

Sin duda, como Virgina Wolf, Rosalía de Castro, Jane Austen, o Gabriela Mistral, fue una mujer destacada, audaz y valiente que no se amedrentó en dar a conocer, a través de su puño y letra y enmascarado bajo la curiosidad que provoca un asesinato o una buena investigación, lo que pensaba del mundo que la rodeaba.

La atracción fatal por el género negro y el terror

 

 

¿Intriga o suspense? ¡No son iguales!

 

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