¿Tu personaje debe enfrentarse a hablar en público? ¿Tal vez rehuye hablar de un tema?… En esta ocasión vamos a tratar sobre una de las cuestiones más generalizadas, aunque no expresadas abiertamente: el temor a hablar.

Y te preguntarás: ¿Qué tiene que ver conmigo y con escribir este tema?

A priori parece que nada. Sin embargo, es una situación que ocurre frecuentemente en el día a día, y con nuestros personajes: tienen que hablar en público, enfrentarse a un juicio, a la familia, dar una noticia controvertida o vergonzosa, enfrentarse a algo que no aceptan, confesar, exponer ante una clase, a un claustro, a una asociación, compañeros de trabajo que lo marginan, realizar entrevistas de trabajo o, incluso, tener que lidiar con toda una población… Así que, se me ocurrió que podríamos tratar este tema, ponernos en la situación de nuestro amigo ficticio y ayudarle a desarrollar su “arrojo y valentía” de una forma que resulte natural.

fotos-variadas-de-chica-con-diferentes-emociones-de-miedo-a-hablar-o-expresarse¿Cómo debe sentirse nuestro personaje, si encima, es algo que le resulta impuesto? ¿Algo que no ha pedido, ni buscado o que rehuye?

No debe sentirse muy diferente a alguien que tiene que hablar y tiene miedo escénico. Su actitud debe ser exactamente la de alguien con temor, inseguridad, vergüenza, dudas, rechazo de la situación tan sólo con pensar en que “debe” hacerlo. 

¿Te resultan familiares estos sentimientos?

Por supuesto que sí. Nos enfrentamos a ellas con más frecuencia de las que somos conscientes. Y suele ser una asignatura pendiente en nuestra vida. Así que será fácil, relativamente, ponernos en el lugar de nuestro héroe o heroína. Hablamos, por supuesto, de personajes en su día a día, cotidianos; no resultará igual para un personaje político, abogado o periodista. Está claro.

¿Por qué resulta tan distinto hablar ante un cierto número de personas, o si es para algo que nos pone en evidencia o que no queremos transmitir?

chica-apoyada-en-la-pared-pensativa-y-preocupada-por-sentir-miedo-de-expresarseNuestra mente suele jugarnos estas malas pasadas. Sin ningún ánimo negativo por su parte; pero es así. Ella busca en todo momento salvaguardar nuestro bienestar físico, psíquico y emocional;  recuerda todo y mantiene las sensaciones de esos momentos como prevención a algo semejante para saber actuar. Todos, en nuestra infancia, pasamos por momentos incómodos: compañeros del colegio crueles, familiares nada cariñosos, profesores “huesos”, hermanos irascibles, parejas que nos rompen el corazón…

La mente, aunque creamos que nosotros dominamos este problema, guarda los recuerdos con sus emociones originales. Y como su misión es la de defendernos ante todo pronóstico y situación de peligro, no distingue en tiempo y fuerza… Todo aquello que le recuerde medianamente a algo de estas vivencias pasadas, la alerta y prepara para la defensa.

Y su forma de defendernos es bloquearnos por miedo, antes de que metamos la pata: sensaciones corporales como sudor frío, temblor, palpitaciones, vista nublada, dolor de estómago, balbuceo, tartamudez, falta de aire, respiración agitada… En algún momento ha pensado que te has sentido mal, en ridículo, marginado, frustrado o impotente, y lo ha registrado en su memoria. Cuando surge una situación en la que algún elemento le suena semejante, se dispara su alarma y reacciona igual.

¿Podemos utilizar estas sensaciones de malestar en los escritos? foto-mano-escribiendo-como-ayudar-al-personaje-con-su-miedo-a-expresarse

Sí. No sólo podemos, sino que debemos. 

Esta es una sensación generalizada a toda la humanidad. De diferentes procedencias, vivencias y experiencias propias pero con iguales o semejantes resultados. Son sensaciones que conocemos, y que sabemos describir sin dificultad. Y son, a su vez sensaciones que nuestros lectores conocen muy bien. 

Ellos se sentirán cómplices y se apiadarán del personaje que sufre este problema. No sólo lo entenderán, sino que desearán que lo resuelva y haga posible su enfrentamiento. Es, también, una forma de hacer más creíble a nuestro protagonista.

Es decir, es una forma de ganarte la simpatía del lector y de inmiscuirlo en la trama. Por supuesto, no puedes abusar de ello; hay que trabajar bien la llegada a ese punto culmen. Ir poco a poco cercando al protagonista, pasando por pruebas o encontrando pistas, describiendo situaciones parecidas, recordando momentos pasados frustrantes que lo determinen que no salen bien o no llegan a buen término, hasta que no queda otra posibilidad que enfrentarse y dar el paso. Más logres tensionar este momento, mucho mejor lograrás que el lector se sienta como el protagonista.

Además, una vez esté en este punto, debes tener en cuenta otras posibilidades: Las controversias, las personas en contra o que tienen algo que perder, los que no simpatizan, enemigos, los que le ridiculizan… serán un elemento imprescindible para no ponérselo fácil. Esto entra en el juego de hacer sentir impotente y enfadado al lector. Cada vez, estará más curioso y a la expectativa de cómo logrará el protagonista solventar el problema. Si lo logras medir y dosificar, será un aliado eficaz para mantener el interés, y un apoyo emocional para la tensión del argumento que estés  trabajando.

Debes ofrecerles pistas durante la trama: como funciona la mente del protagonista (y antagonista), lo que piensa, lo que teme, lo que recuerda… Conocer elementos a quienes afecte esto y que nos sirvan de puntos de reflexión, incluir el lenguaje no verbal de (o los) protagonistas en el lenguaje del cuerpo cuando hablan: la mayoría de ellos pueden ser inconscientes, pero permite al lector conocer su estado de ánimo y lucha interior en todo momento. 

Te recomiendo que observes en películas u otros escritos, cómo lo hacen. Los ideales son los grandes del misterio: el personaje de Sherlock Holmes, la escritora Agatha Christie o el director de cine Alfred Hitchcock. Son unos clásicos, lo sé. No descarto a los nuevos genios. Pero por ser unos clásicos, es precisamente por lo que sus obras tienen la sencillez, el aplomo, y la cantidad justa de misterio y dosificación de información que precisamos aprender.

Un abrazo, y hasta pronto.