Entrevista a Germán Vega por Dulce Bermúdez

Presentación.

Germán Vega nació en Las Palmas en 1966; es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, Máster en Gestión Empresarial y Dirección de Recursos Humanos y Máster en Sociología Aplicada.

En la actualidad, trabaja como Técnico de Proyectos Adjunto a la Dirección General de la empresa Guaguas Municipales y al frente del Gabinete de Dirección.

Pero al margen de este Germán Vega, cuya formación y desempeño profesional puede darnos la idea de estar ante un hombre analítico, poco dado a la ficción o al arte, existe otro Germán Vega que es un apasionado de la música y de las letras.

Autor de cuatro novelas: Verdades CruzadasLa sonrisa del mal y Yo te maldigo ya publicadas, y Brillando en tu oscuridad, que verá la luz próximamente de la mano de Editorial SG, y ganador de la IX Edición del Concurso de Relato Breve Dr. Pedro Zarco del Hospital Clínico San Carlos de Madrid con su relato Las voces, Germán no para de trabajar.

Actualmente colabora semanalmente con la columna La cita de la semana de la revista cultural Lenguas de Fuego (www.lenguasdefuego.net), en la que también puedes leer sus relatos y entrevistas a otros escritores. Además, está escribiendo su quinta novela y un poemario.

DB: Cuéntanos algo sobre tus comienzos. Siempre has llevado la música y la escritura de la mano, y, en cierto modo ambas artes tienen una fuerte relación en tu decisión de comenzar a escribir. ¿Cómo decides comenzar a escribir?

GV: En realidad, escribo desde siempre. Desde muy pequeño. Escribí mi primer cuento —aquel proyecto de cuento, más bien— con 12 años. Después la música llamó mi atención y a los 13 aprendí a tocar la guitarra. Aquello me gustaba y, ¡cómo no!, descubrí que se me daba bien componer canciones. Continué componiendo música y poemas durante muchos años, pero las cosas no se dieron como yo esperaba y no llegué a hacer carrera musical. Nunca pensé en escribir narrativa hasta 2014, año en el que la terrible pérdida de una persona muy querida y cercana puso mi idea de la vida y la muerte en jaque. Ese hecho se unió a otras historias de vida que dos mujeres me habían confesado y que me parecían increíbles, llenas de sucesos paranormales inexplicables. Consideré entonces que tenía mucho que decir y mucho que plantear. Así nació Verdades Cruzadas. Es una novela, en cierto sentido, que nace de muy adentro. Muy desgarradora. No he vuelto a escribir nada parecido.

DB: En verdad que Verdades Cruzadas es una novela de gran intensidad emocional, y con mucha implicación espiritual. 

Tus dos libros siguientes han tenido un tinte, tal vez más oscuro, más de terror… ¿Por qué escritura de terror o de intriga psicológica?

GV: Me siento cómodo con el género. No soy un escritor de terror al uso. Quiero decir, no de ese tipo de terror gratuito con asesinatos, mucha sangre, escenas escatológicas y cosas así. Es un terror más sutil, más psicológico, como tú apuntas. El miedo a lo desconocido es una gran oportunidad para crear historias que enganchen al lector. Si hay un elemento que no se explica, que no se entiende, sea o no paranormal, tienes asegurada una buena dosis de atención. Tal vez es eso lo que busco escribiendo estas historias: sacar al lector de su zona de confort donde cree que todo lo que ocurre es predecibleLa vida no lo es.

DB: Hablemos de tus creaciones, tus personajes: Generalmente son gente sencilla, personas digamos normales, como tu y yo. No son héroes, o no pretenden serlo; pero a la vez son complejos, llenos de clarososcuros. Son personajes con diferentes tintes de grises ¿Por qué los creas así, Qué es lo que quieres reflejar con ellos?

GV: Bueno, las personas son más complejas de lo que la mayoría de la gente cree. Ya lo dijo el Dalai Lama: todo el mundo libra una batalla en su interior. Yo hurgo en el gris de la gente, donde la delgada línea del bien y del mal apenas es visible. Sumerjo al lector en sus miedos, en sus retos, en sus debilidades y fortalezas, en su pasado… Lo que trato de hacer es reflejar a la gente real envuelta en historias que puedan parecer algo irreales. Intento que el lector se identifique con un gesto, con una escena, con una frase. Que pueda imaginarse a unos personajes reales, llenos de razón, que comulgue con ellos, que adore a algunos y que deteste a otros. Huyo de la indiferencia.

DB: Si, por supuesto la indiferencias la muerte del escritor, o al menos de sus obras. ¿Resulta difícil encontrar esa diferencia que nos haga ser visibles al lector? ¿De dónde te inspiras para sacar estas historias?

GV: Me inspira la propia vida. Las conversaciones con la gente que conozco, las películas que veo, los libros que leo, la música que escucho. Mis novelas están llenas de alusiones a canciones. Me ayuda a introducir al lector en la mente del personaje y en la propia escena. También me inspira mi yo interior, las preguntas que me hago a mí mismo y que no tienen una respuesta fácil: ¿Qué pasaría sí…? Así empieza todo.

DB: Bueno, siguiendo con los personajes, yo siempre comento que los protagonistas no están completos hasta que no les dotas de un nombre, que resulte distintivo… El nombre en un personaje conforma un alto grado de identidad propia y única. 

A mí me llama mucho la atención los nombres que eliges para los tuyos, tus personajes. ¿Cómo los buscas? ¿Utilizas nombres que has conocido, que te llaman la atención? ¿Te dejas fluir por la intuición o tienes alguna estrategia de búsqueda para ellos?

GV: En Verdades Cruzadas, la mayoría de los nombres venían impuestos por las circunstancias. Hay mensajes ocultos grabados en ellos que solo conocen las personas que me confiaron sus vivencias para que yo las contara. El nombre de Samuel, por ejemplo, es una especie de broma, dado su significado hebreo, al tratarse de un ser maligno. En el resto de las novelas, no lo planeé especialmente, pero es verdad que hasta que no nombras al personaje, este no existe.  A veces puede ser un quebradero de cabeza, como en La sonrisa del mal, donde casi todos tenían una fuerza especial. Pero no me preocupa. A mí me surgen las ideas de los nombres con facilidad. Son ellos lo que vienen a mi cabeza y me dicen: «¡Eh! Me llamo fulano de tal y quiero ser ese personaje en el que estás pensando».

DB: Sin duda, cuando son los personajes quienes te “asaltan” por así decirlo, resulta mucho más real y fácil sentirlos tal cual se expresan o se quieren expresar.

Vamos a cambiar de tercio. Vamos a hablar de las tramas, las escenas. Siempre haces varias tramas en tus novelas que suelen enlazar a muchos personajes en tus escritos; y algo que me admira es que no dejas cabos sueltos.  Para mí es admirable, absolutamente preciso. Cuéntanos un poco ¿Cómo preparas ese trabajo de planificación?

GV: No planifico casi nada. Tengo muy poco de mapa y mi brújula a veces se avería. Soy un escritor caótico. Sin embargo, tengo clara la «excusa». Para mí, la excusa es aquello que te hace escribir la novela. Tal vez lo que voy a decir suene un poco fuerte, pero creo que la trama no existe. Al menos no a priori. Se hace camino al andar. Es decir, yo me planteo qué es lo que quiero contar, y después, acuden todos los personajes con sus propias tramas, a veces, se agolpan unos con otros pidiendo paso. En lo que sí invierto algo de tiempo es en documentarme. Hay escenas que requieren de cierto rigor documental. Eso es importante. Puedes crear una ficción con muchos elementos reales que estén bien documentados y eso le da credibilidad a lo que escribes. 

DB ¿Te dejas entonces llevar por la intuición? ¿Esperas si en algún momento te asalta una idea que no esperabas? ¿Te dejas llevar también por los personajes cuando se rebelan o mantienes las riendas de tus ideas? ¿Te ha pasado esto alguna vez?

GV: Puede resultar paradójico, pero espero continuamente a que me asalten ideas que no espero. Los personajes no son prisioneros de la trama. Tienen vida propia. El Jaime que algunos conocen en La sonrisa del mal tenía el «gris» menos acentuado al principio, pero, en un determinado momento, se rebeló contra mí, y, de alguna manera, me obligó a oscurecer su perfil. Aquellos que hayan leído la novela saben de qué hablo. Otras veces, el personaje se hace grande a medida que avanza la novela, se deja notar. Me pasó con Sara, en Yo te maldigo. Pero es un baile que hay que bailar pegados. No me gusta llevar el paso, pero tampoco que alguien me lo imponga. Debe haber conexión entre los personajes y tu propio estilo.

DB: Sin entrar en el tema de género, que no es la cuestión, todas tus protagonistas son mujeres. Sin embargo, los malos de las tramas son más energías masculinas. ¿Hay alguna estrategia detrás de esto o ha sido casualidad? ¿Hay algún motivo especial?

GV: Es algo de lo que he hablado en otras ocasiones. Las mujeres han supuesto mucho en mi vida: mi abuela, mi madre, mis hermanas, mis amigas, mi mujer, mi hija… Considero, y es mi opinión, que mis personajes femeninos pueden aunar de una manera natural toda la sensibilidad femenina con esa enorme fuerza que tiene la mujer para enfrentarse a la adversidad, a su desventaja impuesta por siglos de patriarcado y misoginia. Los tiempos, afortunadamente, están cambiando, pero me siento cómodo en los zapatos de las mujeres cuando escribo. Yo lo llamo «travestismo literario». Me visto con su piel, con su alma, con su visión del mundo. Las mujeres que me lean pueden juzgar el resultado. En cuanto a los hombres, para mí es más fácil ponerles la etiqueta de malo.

DB: Vamos a volver a ti, como escritor. Pensando también en quienes comienzan con la idea de escribir… ¿Tienes algún hábito o ritual para sentarte a escribir con una mayor concentración?

GV: No. Suelo escribir sentado en mi cama o en el escritorio. A veces con un té, a veces con un café. Procuro, eso sí, que el teléfono esté bien lejos o en silencio. En ocasiones es complicado porque las musas se van de vacaciones y te quedas mirando a los celajes. Son esos momentos en los que, cuanto más quieres concentrarte, más te desconcentras. Leyendo tu libro, Alemped, no pude evitar sonreír al leer el pasaje donde aconsejas emplear ese tiempo en documentarte, por ejemplo, o en trabajar este o aquel personaje, porque es eso justamente lo que hago cuando me encasquillo en algún capítulo o se me resiste una escena. Sin embargo, no me cuesta excesivamente concentrarme. Tengo cierta capacidad de abstraerme del entorno cuando escribo.

DB: Vas por el cuarto libro y creando el quinto. Nunca repites o continúas la historia del anterior, ¿Qué podemos esperar en este cuarto trabajo que entregarás muy pronto a tus lectores? ¿Tienes ya una fecha aproximada?

GV: Pues a comienzos de año. Tal vez enero o febrero. Tengo mucha ilusión puesta en este proyecto, porque es una novela ambientada en Gran Canaria, a caballo entre Arucas y Las Palmas, y con La Casa del Niño como escenario especial. Además, otra vez un niño tiene un papel protagonista en la novela, como ya ocurriera en La sonrisa del mal. 

La historia comienza cuando Ukufa, un ser que solo Lucca puede ver, le ofrece cambiar por una vez el orden de las cosas. Lucca es un chico a punto de cumplir 12 años que tiene algunos poderes especiales. Él no los quiere, claro, pero ahí están. En la trama debe ayudar a Adrián, un escritor bloqueado tras una ruptura sentimental a salir del foso en el que se ha metido.

Creo que he conseguido combinar todos los elementos necesarios para construir una buena historia: intriga, misterio, romance, conflicto, un poquito de miedo y algo de sorpresa. Todo ello con un formato no muy largo (unas 300 páginas) y capítulos cortos en los que el lector queda colgado del final de cada uno y no puede dejar de leer. Confío en causar ese efecto.

DB: A mi ya me los has causado con solo escucharte. Adoro los escritos que me dejan con la curiosidad latente para el siguiente capítulo. Son casi adictivos para mi. Más si tiene esa intriga que caracteriza a tus obras. Así que estoy deseando ya leerlo. 

Y una vez que se presente esta nueva novela ¿Qué proyectos tienes de cara al próximo año?

GV: Estoy escribiendo una novela que transcurre en un pequeño pueblo de un condado de un país que podría ser Estados Unidos, aunque no me refiero a ese país en concreto. Esta vez hay accidentes inexplicables y gente que desaparece. Espero acabarla antes del verano. También trabajo en un poemario. Quiero publicar un libro de poemas en los que rompo una lanza en favor de la rima tradicional, los sonetos, las décimas, la copla… Me encanta Quevedo, Bécquer, Machado… Soy un clásico.

DB: Germán, de cara a estos nuevos escritores que se acercan al mundo de la escritura, que empiezan o que llevan poco tiempo en ello… ¿Qué le aconsejarías?

GV: Yo lo resumiría en tres palabras: ilusión, constancia y paciencia. Si contamos con eso, lo demás es trabajo, trabajo, trabajo.

Es importante asistir a algunos cursos sobre escritura creativa o verlos por internet, Hay muchos talleres de reconocido prestigio, como los que tú diriges. Y, por supuesto, leer, leer y leer. Un buen escritor siempre es un buen lector. Stephen King dijo que si quieres ser un buen escritor solo tienes que hacer dos cosas: escribir mucho y leer mucho. Si no tienes tiempo para leer no tendrás herramientas para escribir.

Además, debes estar abierto a las correcciones y a las sugerencias. Ser honesto, ser humilde y ser perseverante. Escribir es algo que se lleva dentro. Tarde o temprano ganará la batalla y saldrá a la luz.

Recomiendo leer una de las columnas que publiqué en la revista Lenguas de Fuego y que se centra en una famosa cita de Antonio Machado: Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas.

Sin duda alguna. Recuerdo a Lorraine C. Ladish que dice que «a escribir se aprende escribiendo» y no puedo estar más de acuerdo con ella.

Y por supuesto, recordarles que Germán está colaborando semanalmente con revista cultural Lenguas de Fuego (www.lenguasdefuego.net). Así que tienen una cita estupenda con sus artículos en donde seguro seguiremos enamorándonos del mundo mágico de las escritura. Además de leer sus publicaciones.

Germán, como siempre ha sido un placer poder compartir contigo este ratito, y conocer tus nuevos proyectos. Estaremos muy atentos a la salida de tu nuevo libro y te deseo muchísimo éxito con él.

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