¿Por qué te asusta la creatividad?

—¿Creatividad?

Chica-recogida-apretando-cuaderno-entre-sus-brazosPuedes imaginar una cara extrañada,  excéptica y casi con espanto detrás de esta pregunta. Si nos preguntaran a bocajarro ¿Eres creativo? La mayoría huiría de dar una respuesta afirmativa. Sería algo como:  «Mas o menos…» «¿Yo? ¡Qué va!». El más optimista diría: «En algunas cosas si», «En lo que me gusta sí»

Con más frecuencia de la que imaginas, dudamos que tengamos la creatividad suficiente para realizar algo nuevo en nuestra vida. Y la mayorría de las veces desistimos antes de empezar.

Ya no te cuento cuando lo que queremos hacer es escribir y no lo hemos hecho antes. Ahí, todas las luces y sonidos de alarma nos asaltan a martillazos abrumándonos.

Y la pobre creatividad no tiene la culpa de su mala fama, sino de darnos miedo. Somos nosotros la que la vemos como un concepto difícil, extremo, distante…  Casi podríamos rebautizarla: Creatividad, la musa escurridisa.

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Déjame decirte que sí: la creatividad es, tal vez, la piedra más dura —metafóricamente hablando en nuestra mente— con la que nos encontramos cuando decidimos comenzar con algo que sea diferente u original.

Nos marcamos la meta de «conseguir aquello que nadie ha hecho, o ha pensado antes», y si no lo conseguimos, es que nuestra idea es del montón, y no es válida para compartirlo.

Pero veamos: ¿Qué es en realidad la creatividad?

La definición más sencilla y entrañable que he encontrado en mis años de formación fue la que ofrece Eric Maisel en su libro «Dominar la ansiedad relacionada con la creatividad». Él es terapeuta familiar y coach creativo de artistas. La define así:

«Creatividad es la palabra que usamos para describir nuestro deseo de utilizar nuestros recursos interiores, nuestra imaginación, y fusionar nuestro pensamientos y sentimientos en forma de cosas hermosas —como canciones, colchas o novelas— y para sentirnos los héroes de nuestra propia historia. Es la forma en que ponemos de manifiesto nuestro potencial, utilizamos nuestra inteligencia y abrimos los brazos a aquello que amamos

Es decir, ser creativo significa realizar aquello que amamos, —ese es el truco— y utilizar nuestro pensamiento y recursos para hacer con nuestra idea algo bello, algo hermoso. No tienen que ser cosas grandiosas, originales, nunca vistas antes: la mayoría de las veces son pequeñas ideas, elementos sencillos… Su única necesidad imprescindible y básica es que sea algo que tú amas y que lo conviertas en algo bonito o útil.

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Tal vez, una de las dificultades en adquirir o desarrollar nuestra creatividad cuando ya somos adultos, es que no encontramos la formación adecuada o las herramientas precisas para generar una evolución en la creatividad de la persona. Por eso, queda como algo que “o lo tienes” o “no lo tienes”. Yo creo, que nuestro mayor muro en ser creativos es, justamente, ese miedo a pertenecer a los segundos. Nos da pavor pensar que no podemos llegar a conseguir un sueño porque no somos diferentes, porque no creamos lo que sea con el suficiente nivel.

Y parte de nuestra educación y en las formaciones actuales, la creatividad se pasa muy superficialmente, porque se da por hecho que hay un gran porcentaje en el factor humano y un poco de práctica. 

Pues te doy una primicia. Sí hay dinámicas y herramientas para desarrollar tu creatividad, para trabajarla directamente, para reforzarla y expandirla. La PNL o la Neurociencia, son prácticas que sí poseen la capacidad de trabajar en la creatividad porque lo que aprendes con ellas es cómo funciona y reacciona la mente: cómo funciona  desde el punto de vista de la persona que crea y necesita fluir, y cómo funciona en quien ve la creación y lo que más llama su atención.

Imagina realizar tu proyecto siendo consciente de esa diferencia. Imagina como cambia tu percepción ahora en el concepto de ser creativo: es una cualidad más práctica y estratégica, tangible y que podemos medir, en lugar del concepto hetéreo y por azar que apenas nos deja cambiar.

Partimos de que, hoy en día, es imposible crear algo nuevo porque todo está ya inventado. Lo más a lo que aspiramos es hacer algo diferente y mejor con lo que hay. Partiendo de esta premisa, resulta más fácil enfocar nuestro pensamiento a mejorar y desarrollar algo que ya existe.

Bien, pues tengo una buena noticia para ti: ¡todos somos creativos! Todos sin excepción tenemos ideas que pululan en nuestra cabeza y cosas que amamos hacer. Cada humano nace con pensamientos, sentimientos, emociones, habilidades y talentos.

Sí, aunque creas que no tienes, siempre hay un talento en cada ser; tal vez no sea evidente para ti o pienses que no es suficiente. Pero te reto a que preguntes a alguien que te conoce qué es lo que sabes hacer bien. ¡Te sorprenderás!

El hecho es que, sea evidente para ti o no, seas consciente de tu talento o no, tu creatividad depende más de cómo la trabajas día a día, a que te fluya por las orejas.

Al nacer, todos tenemos nuestras habilidades, percepciones e imaginación al 100%. Al crecer, nos llenamos de responsabilidades, deberes, obligaciones, compromisos, que nos dictan nuestro díaa día. La imaginación, la creatividad y la intuición la vamos relegando a un segundo, tercer, cuarto plano… Hasta que llega un momento en que pensamos que no está.

Pero sí. Por supuesto que está. Esperando a que le demos una oportunidad.

niña-vestida-de-bruja-tendida-sobre-el-cesped-sonriendoEs pura elección, sencillamente. Piensa en los niños: tienen imaginación y son creativos por propia naturaleza. Su mayor ventaja es que no tienen reparos en probar a ver si funciona, si le sale bien, o solo si les gusta… Crean, imaginan y disfrutan con el proceso. Su excepcional magia… ¡actúan! No dejan de hacer, toman acción y van por lo que piensan.

Te reto a dar una oportunidad a tus ideas, comenzando con pequeños detalles para que puedas despertar a tu musa escurridisa, tu “creatividad dormida”. Algo que ames, algo que te encante hacer: puede que sea hacer manualidades, bordar, pintar, escribir, jugar con tu perro o hacer respostería. Proponte dedicarle cinco o diez minutos al día. Verás que en menos de lo que pienses sentirás la necesidad de hacer un poco más.

Tu musa te recopensará.

pluma-soltando-gotas-de-tintaEn la escritura, nuestro miedo a cometer errores nos corta el fluir hacia la creatividad. Pero su dinámica no es diferente a cualquier otro talento: Necesita, se nutre, de que hagas un poco por ella cada día.

Puedes comenzar con microrretos diarios: escribir una frase que te inspire, o escribir en un cuaderno aquello que te gustó más en el día y cómo te sentiste; o crear una imagen que te agrade describiéndola.

Puedes utilizar tres sencillos retos:

-Intenta hacer algo cada día donde tengas que buscar una solución: por ejemplo, sorprender un día a tus hijos con un postre diferente.

-Cuando escribas, fluye, solo escribe. No corrijas, ni valores. Empieza por escribir solo para ti, y hazlo sin estar pensando en cada frase si es logica o no. Solo deja que salga tu pensamiento. Imagina que tu niño creativo está despertando; no lo asustes, anímalo a que te de sus ideas aunque creas en un principio que son irreales o irrelevantes.

flecha-plateada-serpenteandoDeja libre a tu intuición, déjala trabajar, aunque creas que es una tontería. Nuestra intuición nos susurra al oído interno desde el subconsciente. Posee un don maravilloso que nos ofrece conexiones con otras ideas, momentos o recuerdos donde hay elementos comunes a lo que quieres tratar. Si la escuchas puede ofrecerte muchas, divertidas e interesantes pistas, como perlitas de momentos entrañables. ¡Pruébalo!

Si lo haces, estoy segura de que, en pocos días, te llegara una nueva visita, una musa diferente de regalo: la inspiración. No te asustes, la inspiración no es más que una buena y profunda concentración en lo que hacemos.

Pero, ella, será la protagonista en otra ocasión.

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